Maestro terapeutico

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domingo, 24 de abril de 2016

Ayuda para maestros: conducta y disciplina

Atención maestro(a):

 ¿En tu salón de clases, sientes que pasas más tiempo disciplinando que enseñando? ¿Tu disciplina no produce los resultados que deseas, “perdiéndose” en una marejada de argumentación y de regaños con los estudiantes?  ¿Relaciones tirantes maestro-estudiante o estudiante-estudiante te desmoralizan y te hacen sentir vulnerable al disciplinar, especialmente cuando se trata de estudiantes difíciles de manejar o con problemas recurrentes de conducta? Probablemente eres el primero o la primera en reconocer que relaciones tirantes en el salón de clases no benefician ni al maestro ni a los estudiantes, pero no conoces otra manera de hacerlo. ¡Por fin llegó el recurso de apoyo para ti! Diseñada especialmente para maestros y personal auxiliar en las escuelas, nuestra nueva página web, Maestros terapéuticos te prepara en el importante campo de la comunicación emocional e interpersonal, familiarizándote con una extensa variedad de patrones de lenguaje (formas de hablarle a los estudiantes, incluyendo la comunicación no verbal) y relacional (interacciones) que te permitirán transformar tu disciplina de argumentación y conflicto a cooperación y persuasión. Para que recibas estas importantes técnicas y estrategias al instante de ser publicadas, clic “Me gusta” en nuestra página de FACEBOOK.



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jueves, 31 de marzo de 2016

Maestra terapéutica recomienda las siguientes actividades suplementarias para estudiantes con dificultad siguiendo instrucciones orales

Comprender y ejecutar las instrucciones orales del maestro es un requisito esencial para que los niños aprendan en grupos, especialmente cuando poco o ningún apoyo individualizado se le puede facilitar al estudiante.  Los niños con pobre rendimiento académico o con necesidades especiales frecuentemente se confunden y se frustran al tener que seguir instrucciones orales, las cuales muchas veces son impartidas en múltiples pasos, con pasos omitidos o con los pasos fuera de secuencia. En gran medida, esta dificultad siguiendo las instrucciones del maestro explica las dificultades académicas de nuestros estudiantes con necesidades especiales. A nivel cognitivo, para poder seguir las instrucciones orales, los estudiantes deben:

  1. Prestarle atención a los detalles o características de la tarea así como al orden en que se deben ejecutar los pasos
  2. Distinguir entre lo que es información importante (relevante) y lo que es menos importante o irrelevante
  3. Integrar la información o formar las partes del todo, resumiendo o sintetizando; esto es, reducir a términos más breves  basado únicamente en lo que es importante
  4. Organizar o poner la tarea en un orden (puede ser de más importante a menos importante o del primero al último) para entonces ejecutarla o llevarla a cabo

Para un estudiante con pobre atención, pobres destrezas auditivas o con pobre procesamiento de lenguaje, la destreza de seguir instrucciones orales puede resultar una experiencia abrumadora. Para estos niños, los maestros podemos proveer ayuda extra usando técnicas de apoyo como las siguientes:

Provee variedad
Para aumentar la comprensión del estudiante, presenta tus instrucciones usando múltiples modalidades y maneras. Por ejemplo, verbalmente,  por escrito (dos o tres palabras claves en la pizarra), demostrando los pasos, gesticulando, con láminas o con dibujos.

Cada vez que impartas instrucciones orales, escribe las palabras o frases claves, o una lista de pasos, en la pizarra.

Requiere del estudiante que escriba (al margen de su libreta o en un pedazo de papel) una palabra clave para cada paso. Tú le puedes proveer la palabra clave.

Toda dirección que des oralmente, refuérzala visualmente. Apunta o señala a la sección en el visual (en el libro, la lámina o tabla, en la pantalla de proyección o en la pizarra) donde se muestra la información relevante.

Haz que la estudiante se visualice a sí misma llevando a cabo las instrucciones.

Si la niña tiene dificultad procesando información auditiva y visual simultáneamente o al mismo tiempo, dile que primero mire al visual (a la lámina o la gráfica) y entonces guíala con tu dedo a la parte específica en ese visual donde está aquello de lo que tú estás hablando. Dale a la niña al menos cinco segundos para que observe y estudie el visual, y solo después de esos cinco segundos, imparte una breve explicación oral. Finalmente, instruye la niña a que vuelva a mirar el visual por unos segundos.

Mantén presente que aunque un estudiante puede ser capaz de repetir tus direcciones textualmente o palabra por palabra, eso no significa que las comprenda y es posible que tengas que enseñar o demostrar lo que tiene que hacer de manera sistemática o paso-a-paso.

Simplifica la información
Usa oraciones más cortas, incluyendo únicamente la información pertinente.

Para aumentar la comprensión del estudiante, refrasea tus instrucciones. Puedes usar sinónimos o palabras más simples.

Dale un solo paso o una sola instrucción a la vez. Permite que el estudiante complete este paso antes de añadir un nuevo paso o dirección. Por ejemplo, “Saca el libro de matemáticas de tu bulto.” (El estudiante saca el libro.) “Ábrelo en la página 157.” (El estudiante abre el libro en la página correspondiente.)  “Resuelve los problemas del cuatro al nueve.” (El estudiante empieza a trabajar.)

Usa pausas, señales y gestos
Imparte tus instrucciones en segmentos pequeños, una dirección a la vez y con pausas entre las partes.

Usa retraso deliberado; esto es, el estudiante tiene que esperar por tu señal o por una palabra clave antes de llevar a cabo las instrucciones. Pistas o señales pueden ser: “¡Ahora!” “Empieza” o “¿Listo? ¡Ahora!”

Usa una señal que tus estudiantes ya conocen para anunciar que vas a dar instrucciones. Por ejemplo, tres palmadas o aplausos en sucesión  o prendiendo y apagando las luces del salón cuatro o cinco veces. No hables hasta que todos los rostros apunten en tu dirección y haya silencio.

Asegúrate de tener la atención del niño antes de darle instrucciones. Puedes llamarlo por su nombre (por ejemplo, “Raymond, necesito que me mires”) o tocarlo suavemente en el hombro.

Provee apoyo auditivo adicional
Anuncia por anticipado que vas a dar instrucciones; por ejemplo, “Todos los ojos y oídos en mi dirección. Ahora voy a explicar lo que vamos a hacer.” De manera similar, decir, “Presten atención, esto es importante.”

Usa tu voz para enfatizar la información importante; por ejemplo, aumentando el volumen de tu voz en los números ordinales (primero, segundo, tercero…), palabras claves o pasos.

Provee preparación repetitiva o redundante; por ejemplo, “Ahora vamos a estudiar las partes del árbol. Vamos a leer las páginas 22 y 23, analizaremos el diagrama en la página 23 y finalmente vamos a completar el ejercicio de pareo al final de la página. Así que, repito, vamos a leer acerca de las partes de un árbol, vamos a estudiar un diagrama y finalizamos completando un pareo.”

Pídele al estudiante que repita en sus propias palabras, o que parafrasee, las direcciones que acaba de escuchar de manera de que puedas clarificar cualquier paso omitido o confuso.

Coloca los pasos en una secuencia
Al terminar de dar tus instrucciones, pregúntale a la estudiante, “¿Cuántas cosas tienes que hacer?”

Para ayudarla a seguir la secuencia correcta de pasos, usa números ordinales (primero, segundo, tercero), con pausas entre los pasos para que la niña tenga tiempo para procesar la información.

Levanta el primer dedo (primer paso), entonces un segundo dedo (segundo paso), y luego tres dedos (tercer paso) para reforzar la secuencia visualmente.

Haz que el estudiante cuente el número de pasos, te diga cuantos pasos hay y finalmente repita cada paso, levantando un dedo por cada paso a seguir.

Asegúrate de dar tus instrucciones en el mismo orden o secuencia que el estudiante tiene que seguir.

Adiestra a tus estudiantes en el proceso de seguir instrucciones complejas o con pasos múltiples.
Una manera de realzar la habilidad de todos nuestros estudiantes para ejecutar instrucciones sofisticadas y complejas lo es aumentando el número de pasos a los cuales tienen que prestarle atención cada vez. Por ejemplo,
  • Colorea un triángulo
  • Colorea el triángulo más pequeño
  • Colorea de color amarillo el primer triángulo
  • Colorea el triángulo más grande de color verde y con franjas rojas

Provee adiestramiento en ejecutar instrucciones con múltiples pasos. Empieza con una orden o comando y sigue añadiendo pasos. Por ejemplo:
  • Dale la regla a Amanda.
  • Dale una libreta a Kevin, y a Rogelio, entrégale el sacapuntas.
  • Dale una regla a Angie, una tiza a Carola y luego entrégale la gorra a Félix.

Enseña tus estudiantes en seguir instrucciones que incluyen una condición o de tipo condicional. Por ejemplo:
  • Si la luz está prendida, aplaude cuatro veces.
  • Si 17 más seis es menos de 28, dibuja un cuadrado en tu papel.
  • Si Chile está en Europa, dobla tu papel en cuatro partes iguales.

Adiestra tus estudiantes a que sigan instrucciones que son presentadas con los pasos fuera de orden. Por ejemplo, “Antes de que le entregues la gorra a Félix, coloca la tiza sobre mi escritorio.”




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miércoles, 23 de marzo de 2016

Maestra terapéutica aconseja: entendiendo la crítica implícita en nuestros mensajes a los estudiantes

Una suposición es una conjetura (juicio u opinión) que nos formamos basada en indicios, sospechas o en información ambigua en un mensaje. Como parte de una comunicación entre dos o más individuos, la parte que recibe el mensaje, o el que está escuchando, acepta como cierta la suposición contenida en el mensaje del que está hablando para poder entender su mensaje. Todos nuestros mensajes contienen suposiciones; simplemente no podemos comunicar nada sin las mismas. Por ejemplo, en la declaración, “Mi segunda hija es terca. En eso se parece a mí,” el que escucha supone lo siguiente del que habla:
  • El que habla tiene al menos dos hijas.
  • La hija mayor no es terca.
  •  El que habla también es terco(a).
Cuando le hablamos a nuestros estudiantes, las suposiciones contenidas en nuestros mensajes tienen un valor fundamental tanto en (a) desarrollar carácter o identidad como en (b) influenciar conducta (positiva y negativa). Si aún tienen duda, simplemente fíjense en estos mensajes cotidianos a los niños, y recuerden, hay más crítica y juicios valorativos en las suposiciones contenidas en nuestros mensajes a los estudiantes que en las palabras que actualmente decimos.
  • Si no fueras tan vago, tendrías mejores notas. (Suposiciones: eres vago, tus notas no son suficientemente buenas y eres capaz de tener mejores notas.)
  • Si te importara, tendrías mejores notas. (Suposiciones: tus notas no te importan, tus notas no son lo suficientemente buenas y eres capaz de tener mejores notas.)
  • ¿Por qué no prestas más atención? (Suposiciones: puedes prestar atención y estás prestando alguna atención, pero no la suficiente.)
  • Si practicas más, puedes aprender a hacer la división larga. (Suposiciones: ya practicas, pero no es lo suficiente; no sabes como hacer la división larga y eres capaz de aprender a hacer la división larga.)
  • Si fueras cuidadosa, mantendrías tus libretas nítidas. (Suposiciones: no eres cuidadosa, tus libretas no están limpias/organizadas y eres capaz de mantener tus libretas limpias/organizadas.)
  • Quiero que perseveres y que trabajes duro en tu examen de ciencias. (Suposiciones: puedes perseverar, puedes trabajar duro y el examen de ciencias es difícil para ti.)
  • Quiero que no te des por vencido y que te esfuerces más en tu examen de ciencias. (Suposiciones: tiendes a darte por vencido, ya te estás esforzando, pero no lo suficiente; eres capaz de esforzarte más y el examen de ciencias es difícil para ti.)
  • ¡Daniel, deja de hablar y presta atención! (Suposiciones: Daniel está hablando, Daniel puede dejar de hablar, Daniel no está prestando atención y Daniel puede prestar atención.)
  • Eres tan hiperactivo como mi gato, Alfonso. (Suposiciones: tu nivel de actividad es excesivo, yo tengo un gato, mi gato se llama “Alfonso” y mi gato también es excesivamente activo.)

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lunes, 22 de febrero de 2016

Maestra terapéutica aconseja: la importancia de redefinir nuestra disciplina

Diariamente los maestros enfrentamos múltiples retos al tratar de enseñarle a nuestros estudiantes diferentes y mejores maneras de comportarse en el salón de clases. Algunos maestros tienen poca o ninguna dificultad al disciplinar sus estudiantes, otros obtienen resultados inconsistentes, o sea, conducta positiva algunas veces, pero no todas las veces o conducta positiva de algunos estudiantes, pero no de todos los estudiantes.  Para un tercer e importante grupo de maestros, lograr mantener la clase involucrada en las lecciones, enfocada y bien motivada resulta difícil de lograr. Si sentimos que nos encontramos en uno de los dos grupos posteriores y nos queremos mover hacia el primer grupo —permaneciendo en ese primer grupo— una buena manera de comenzar sería reflexionando acerca de lo que disciplina en el salón de clases significa para nosotros, porque, es a través de esta definición personal que tanto nuestro sistema (el conjunto de reglas y principios) como nuestro estilo (el modo o la manera que usamos) al disciplinar se nutren y posteriormente se desarrollan. En mi caso, por ejemplo, y por una buena cantidad de años, llegué a creer que disciplinar a mis estudiantes equivalía o era igual a reaccionar a sus conductas negativas o invasivas. Si yo no respondía a ese tipo de conducta, sentía que no estaba haciendo bien mi trabajo. Por eso, para mí era crucial actuar de inmediato, regañando a esos dos estudiantes que estaban teniendo una conversación privada en la parte trasera del salón. Tampoco dejaba pasar por alto a ese estudiante que no podía mantener el orden y constantemente empujaba a sus compañeros en la fila.

Tengo que confesar que me tomó años de equivocarme y de sentirme frustrada hasta que logré entender que disciplina no era igual a reaccionar a las conductas negativas de mis estudiantes; disciplina redefinida se refiere a aquellas cosas que yo como maestra puedo hacer para abrir las mentes de mis estudiantes a la posibilidad de nuevas y de mejores conductas. Un maestro que continúa definiendo su disciplina en el salón como reaccionar a lo negativo está poniendo a los estudiantes a cargo de la clase; los estudiantes disruptivos en ese salón deciden la dinámica de la clase y están a la ofensiva. El maestro, sintiéndose inseguro y frustrado, se encuentra a la defensiva. Dudando de sus cualificaciones, un maestro a la defensiva se cuestiona, “¿Tengo lo que se necesita para poder hacer este trabajo?” Muchas veces, tristemente, ese maestro abandona nuestra profesión.

Sin embargo, cuando nos regalamos el derecho a imaginar en grande (sin miedos ni limitaciones) y empezamos a concebir nuestra disciplina en el salón como todo aquello que podemos hacer para influenciar de manera constructiva y positiva la forma de pensar, de sentir y de actuar de nuestros estudiantes, por primera vez en nuestra vida profesional hacemos una poderosa transición de un rol pasivo, reactivo y pesimista a un rol activo, proactivo (preventivo) y optimista donde enfocamos en hacer todo aquello que esté a nuestro alcance para motivar a nuestros estudiantes, dirigiéndolos —más bien, impulsándolos— por el camino del cambio. En otras palabras, nuestra disciplina en el salón evoluciona de meramente demandar obediencia a las reglas del salón hacia un sistema orientativo y preparativo que es capaz de guiar a nuestros estudiantes durante el importante proceso de su crecimiento personal. Traduciendo las palabras de Nitsche (1), “(los maestros) hacemos el cambio de la esfera de la dominación y el poder a la esfera de la influencia,” un paso imprescindible para desarrollarnos como manejadores de conducta efectivos.

Referencia
Nitsche, P. (2006). Talk less. Teach more! Nonverbal classroom management. Group strategies that work. Butler, PA: Pearls of Learning Press.


Lectura relacionada…

Watch Your Language! Ways of Talking and Interacting with Students that Crack the Behavior Code- Puedes leer una muestra gratis de este libro haciendo clic aquí.

jueves, 18 de febrero de 2016

Maestra terapéutica aconseja: estrategias suplementarias para estudiantes con dificultad resolviendo problemas verbales

Tener éxito con las matemáticas depende en gran parte de la habilidad de los estudiantes para resolver problemas verbales. Los problemas verbales son comunes en las pruebas estandarizadas así como en las asignaciones diarias de los niños. Para resolver un problema verbal exitosamente, el estudiante tiene que extraer las palabras claves en el problema y convertirlas en lenguaje matemático. Esto presenta un problema grave para niños deficientes en comprensión de lectura, en vocabulario verbal o en vocabulario escrito. A otros estudiantes se les dificulta la computación requerida en el problema verbal. Para ayudar a estos niños, algunas técnicas de enseñanza suplementarias que los maestros pueden usar, son:

Hablar acerca del problema verbal y hacer que el estudiante lo parafrasee usando sus propias palabras
Especialmente si se trata de un estudiante con destrezas verbales bajas, el niño necesita la oportunidad de articular el problema y de hablar acerca de posibles soluciones de manera de que practique su lenguaje.

Simplifica el lenguaje en el problema verbal usando sinónimos o vocabulario más fácil.

Simplificar el problema verbal visualmente
Deja que la estudiante haga un círculo alrededor de palabras o frases claves; también puede usar un marcador fluorescente.

Haz que la estudiante circule la información necesaria y luego tache el resto del problema. Entonces, la niña reemplaza las palabras que indican operaciones (suma, resta, multiplicación o división) con sus signos para ayudarle a organizar el problema.

Dibuja un marco alrededor de cada sección importante en el problema o alrededor de cada paso en el problema.

Con el estudiante, vayan oración por oración y decidan si el niño necesita esa oración en la historia para solucionar el problema. Si la oración no es necesaria, el estudiante la tacha para removerla visualmente.

Prepara y escribe en papel para demostraciones o en tarjetas índice, ejemplos de problemas verbales con la información clave ya resaltada (subrayada, dentro de un círculo o en un color diferente). De esta manera la estudiante tiene un modelo que puede mirar. En adición, resalta las palabras en el problema que indican o que dan pistas respecto a las operaciones que hay que usar.

Ayuda al estudiante a crear una imagen mental del problema la cual el niño puede reforzar con dibujos.

Poner la información en una secuencia
Haz que la estudiante enumere la información en el problema verbal de acuerdo al orden en que tiene que usarla para resolverlo.

Usa el enfoque paso-a-paso, en otras palabras, enseña al niño a pensar en los problemas verbales como una secuencia de pasos que siguen un orden predeterminado y que se resuelven un paso a la vez. Los estudiantes tienen que entender que solucionar problemas verbales no es algo que ellos pueden hacer impulsivamente o en un solo paso y sin planificación.

Los pasos en el problema verbal pueden separarse fácilmente usando diferentes colores, un color para cada paso. Por ejemplo, el primer paso es siempre rojo, el segundo es siempre azul y el tercero verde. Leyendo el problema en voz alta, la estudiante dibuja un círculo (o un punto) rojo sobre el primer paso, azul sobre el segundo y verde sobre el tercero. Al colorear las secuencias, podemos ver de un vistazo donde es que la estudiante está teniendo problemas en el proceso.

Muéstrale al niño un problema verbal con la contestación, pero sin los pasos requeridos para resolverlo. La tarea del estudiante es encontrar los pasos que fueron necesarios en la solución del problema.

En un problema verbal ya resuelto, muestra la contestación con los pasos requeridos, pero con los pasos fuera de orden. La tarea del estudiante es poner los pasos en la secuencia correcta y luego tiene que explicar la secuencia.

Antes de que la estudiante resuelva el problema verbal, haz que prediga el número de pasos que se necesitan, explicando su predicción.

Simplificar la computación del problema verbal
Usa computación más simple para disminuir el efecto de una pobre habilidad matemática en el estudiante.

Haz que la estudiante sume y reste manualmente y permite que use la calculadora para multiplicar y dividir. También puedes darle opciones, por ejemplo, que resuelva dos operaciones manualmente y la tercera operación (su selección) con calculadora.

Dale crédito a la estudiante por su razonamiento, o la forma de ordenar sus ideas, para llegar a una conclusión o por un procedimiento correcto aunque la computación esté incorrecta.

Cuando el estudiante tiene dificultad con la computación del problema verbal, permite que sustituya las cantidades grandes por cantidades menores, por ejemplo, resolviendo 4*8 (32) en lugar de 465*86 (39,990). De esta manera, puede visualizar la operación y tiene una idea del resultado (el resultado final está alrededor de los 32,000). Finalmente, el niño hace su cálculo usando las cantidades originales, comparando su estimado con el resultado final.

De manera similar, el estudiante puede sustituir números difíciles por números fáciles de computar. Siguiendo el ejemplo anterior, el estudiante calcula 400*80 (32,000), repitiendo el resto del proceso.

Reduce la cantidad de problemas verbales que el estudiante tiene que solucionar, por ejemplo, resolviendo siete de los 12 problemas en la tarea. Esto le da más tiempo al niño para trabajar los algoritmos o los pasos del problema.

Romper un problema complicado entre partes más cortas y fáciles para resolver
Haz que la estudiante encuentre una parte en el problema verbal que le resulte más fácil y traten de proceder de esa parte al resto del problema.

Con la estudiante, rompan el problema largo en dos o tres “mini-problemas.” Cada paso puede convertirse en un mini-problema. La estudiante resuelve cada mini-problema por separado y finalmente combina los dos o tres resultados parciales en un resultado total. Similarmente, la niña puede romper el problema verbal en dos o tres preguntas, contestar cada pregunta y entonces combinar los resultados.

Enseñarle al estudiante una estrategia modificada para resolver problemas verbales
Aquí hay un ejemplo:
  1. Lee el problema
  2. Relee el problema para que encuentres la información que ya se te provee. La pregunta que tienes que contestar aquí es, “¿Qué sé sobre este problema?”
  3. Relee el problema para que identifiques lo que el problema te pide que hagas. Contesta, “¿Qué necesito encontrar?”
  4. Identifica las operaciones que tienes que usar para resolver el problema
  5. Usa objetos o haz dibujos que te ayuden a visualizar el problema.
  6. Escribe tus respuestas parciales al problema
  7. Combina tus respuestas parciales en una sola o en tu contestación final.


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