Maestro terapeutico

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jueves, 21 de enero de 2016

Maestra terapéutica aconseja: dando directrices o comandos que nuestros estudiantes obedecen

En el salón de clases, los tres tipos de directrices o comandos que los maestros más comúnmente impartimos a los estudiantes son: el comando de iniciación, el comando de terminación y el comando mixto. Con el comando de iniciación los maestros damos una orden para iniciar conducta; con el comando de terminación estamos tratando de interrumpir o de terminar la conducta. El tercer tipo de comando, el comando mixto, sigue el patrón lingüístico, “Para y entonces, empieza…” incluyendo elementos tanto del comando de iniciación como del comando de terminación. Ejemplos de comandos de iniciación lo son, “Rebeca y Gerardo, distribuyan las reglas y los transportadores” y “Cuando lleguemos a la biblioteca asegúrense de sentarse al lado de su pareja de lectura.” En el primer ejemplo hay un comando (distribuir); en el segundo ejemplo hay dos, “sentarse” y “junto a la pareja.” Ejemplos de comandos de terminación y de comandos mixtos a continuación.

Comandos de terminación
  • ¡Héctor y Ryan, paren de hablar!
  • ¡Camille, deja de empujar en la fila!
  • ¡Adelaida, deja de soñar despierta!
  • ¡William, no sigas perdiendo tiempo!

Comandos mixtos
  • ¡Héctor y Ryan, paren de hablar y cierren los bultos!
  • ¡Camille, deja de empujar en la fila y regresa a tu lugar!
  • ¡Adelaida, deja de soñar despierta y presta atención!
  • ¡William, no sigas perdiendo el tiempo y escoge tus libros!

Noten como tanto los comandos de terminación como los comandos mixtos se expresan con énfasis, por eso los signos de exclamación (¡!). Eso es así, porque, para comunicar nuestra intención (nuestro objetivo o lo que queremos que el estudiante haga) los maestros generalmente resaltamos estos comandos ya sea levantando el tono de nuestra voz, hablando más rápido, o ambas cosas. En teoría lingüística, esto se conoce como la intención de la comunicación. En palabras simples, nuestra intención comunicativa —tanto en el comando de terminación como en el comando mixto— es que el niño: (a) obedezca y (b) obedezca rápido. Por experiencia sabemos que, aunque nuestra intención comunicativa puede ser exitosa (logrando que el niño obedezca rápidamente), lo más probable es que nuestro éxito sea uno de corta duración. O sea, el niño o niños obedecen por unos minutos y entonces, muy felizmente, “vuelven a sus andadas,” regresando a lo que estaban haciendo originalmente o haciendo algo similar.

Un segundo factor a tomar en consideración es el hecho de que, cada vez que damos directrices o comandos en un tono de voz alto y rápido nos arriesgamos a sonar enojados, aunque ese no sea el caso. Esto no debe representar un problema en un estudiante típico, pero, un niño con problemas de coraje o conductas oposicionales se puede resistir a nuestra directriz. La combinación de resentimiento (hacia el tono de la voz) con resistencia (por la orden) es una “receta” excelente para la desobediencia en los niños, lo que le da tanto a los comandos de terminación como a los comandos mixtos su bien ganada fama como reductores o inhibidores de la obediencia en los niños. La sugerencia básica siempre que damos órdenes a todos los estudiantes es hablar en un tono de voz neutral, similar al que se usa durante una transacción de negocios (business-like).

El tercer factor a mencionar es que tanto el comando de terminación como el comando mixto, enfocan en la desobediencia, o en lo que los niños están haciendo incorrectamente, en lugar de dirigir nuestra atención hacia aquellas cosas que nos gustan y que apreciamos en nuestros estudiantes, o lo que los estudiantes hacen bien. Un principio disciplinario esencial es que, cuando enfocamos nuestra atención en la desobediencia del niño, estamos reforzando su desobediencia con nuestra atención. Aplicando este principio a la disciplina en el salón de clases podemos decir que los maestros mejoramos significativamente la conducta de nuestros estudiantes con simplemente mantener los estudiantes motivados y enfocados en sus destrezas, sus conductas positivas y sus mejores cualidades, al mismo tiempo que minimizamos o ignoramos lo más que se pueda  sus conductas negativas.

De los tres tipos de comandos, el comando mixto es el más largo, con dos o más directrices simultáneamente. Esto de por sí representa un problema de comprensión para niños pequeños, niños con pobre habilidad para recibir la información (para escuchar o para seguir instrucciones) y niños con problemas de atención. Algunas veces, la línea de demarcación, o lo que separa lo que el niño debe dejar de hacer de lo que debe empezar a hacer, no está del todo clara para el niño. Esto ocurre especialmente cuando damos órdenes al mismo tiempo que regañamos y sermoneamos.  Este tipo de directriz o comando largo, confuso y con más palabras de las que se necesitan se conoce en la literatura como el comando tipo beta. Por sus características, el comando tipo beta tiene la dudosa reputación de tener un porcentaje de cumplimiento u obediencia extremadamente bajo. Por contraste, su “más fuerte y sabio hermano gemelo,” el comando tipo alfa, no incluye palabras que no sean necesarias, impartiendo una sola directriz por comando. Aquí hay una lista rápida de como impartir comandos más efectivos a nuestros estudiantes:
  1. Usa más comandos tipo “empieza” o de iniciación y menos comandos tipo “para” o de terminación. Desarrolla el hábito de dar cinco comandos de iniciación por cada comando de terminación (proporción 5:1).
  2. Asegúrate de decirle a la niña exactamente lo que quieres que ella haga (sin mencionar lo que no quieres). Por ejemplo, decirle, “Por favor, levanta el brazo para hablar” en lugar de, “¡No sigas hablando fuera de turno!”
  3. Al impartir tu orden, haz contacto visual con el niño (de ojo a ojo) y menciona su nombre.
  4. Especialmente si se trata de un niño con conductas típicamente disruptivas, no le des órdenes desde la distancia (por ejemplo, desde tu escritorio). En su lugar, acércate al niño y háblale en proximidad.
  5. Regula tu voz. Lo que necesitas es bajar el tono de tu voz, no subirlo.
  6. Incluye una sola directriz en el comando. Aplica la regla de una sola oración o una sola frase. Limita la oración a 15 palabras o menos. Más que eso probablemente son palabras extras que ni el niño ni tú necesitan escuchar.
  7. Una regla conocida para dar comandos efectivos es la siguiente: da el comando, por ejemplo, “Raúl, necesitas regresar a tu pupitre.” Espera 10 segundos y si fuese necesario repite el comando, pero ahora añade, “Raúl, necesitas regresar a tu pupitre. Si no, perderás cinco minutos de tu tiempo en la computadora (consecuencia negativa).” Si Raúl aun no responde, cuenta en voz alta, pero calmada del cinco al uno para darle al niño unos segundos adicionales para que obedezca la orden. Si Raúl sigue negándose, recuérdale, sin regaños ni acusaciones, la consecuencia negativa; ejemplo, “Tu tiempo de computadora se redujo de 20 minutos a 15 minutos.” Finalmente, y por tu propia paz mental, olvídate de Raúl y enfoca en los estudiantes que están siguiendo las normas.

Por último, cambiamos los comandos de terminación que aparecen al principio por comandos efectivos o alfa. Con práctica, esto se hace cada vez más fácil.
  • ¡Héctor y Ryan, paren de hablar! – Héctor y Ryan, cierren los bultos ahora.
  • ¡Camille, deja de empujar en la fila! – Camille, usa el largo de tu brazo como separación entre Marisela y tú.
  • ¡Adelaida, deja de soñar despierta! – Adelaida, abre tu cuaderno de prácticas en la página 184.
  • ¡William, no sigas perdiendo el tiempo! – William, te quedan cinco minutos para que escojas tus tres libros de lectura. 

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